viernes, 26 de diciembre de 2014

El desfile de modelos

El desfile de modelos
José Alonso Morales

Llegué al “Alonso Quesada” en el curso  86-87 y venía  de Madrid donde estuve cuatro años en excedencia. Uno de los cursos que me tocaron fue un COU. Era  una clase del viejo edificio  al fondo de la primera planta con ventanas para atrás. Serian unas veinticinco personas entre chicos y chicas.  Abundaban las alumnas. Una de ellas, en primera fila, mientras yo hablada de  Aristóteles, se hacia la manicura y me decía que “lo recogía todo”. Yo pensaba en lo que diría el gran filósofo si hubiese visto eso en su Liceo.

Yo quería hacer algo con aquella gente y no quedarme sólo en un trabajo de aula. Me preocupaba que se aglutinaran como grupo, que se interesaran por algo más allá de los fines de semana, algo, lo que fuera. Les hacía propuestas y se quedaban insensibles. Hicimos una excursión pero se quedó sólo en eso. Un día una de las chicas  hizo la propuesta de hacer un desfile de modelos para reunir fondos para el viaje de final de curso. Causó furor.  Ella tenía un familiar con una boutique, el tío de otro tenía una peletería y así fueron  apareciendo todos los elementos. Fuimos a la búsqueda del local y tuve que acompañar a un grupo para convencer al encargado de la Discoteca “El Coto”  en los bajos del Hotel Cristiana que ahora es el Meliá. Mi coche sirvió para trasladar los trajes, luego los zapatos y hasta las pelucas. Nunca me había visto en tales afaires. El local se nos llenó: los abuelos de las debutantes los primos, los tíos, los hermanos pequeños y así el total de Instituto. Fue un éxito Allí puede contemplar a mis alumnas como pasaban por la pasarela improvisada, moviéndose y contoneándose sobre sus caderas, deslizando los brazos por entre las sedas y dando un parón enérgico cara a cara con el público que no pestañeaba. La música, los focos,  las penumbras y los  aplausos desaforados. Todo esto con el  miedo que se estropeara un traje, que se rozara un zapato o se quemara una peluca, me sentía más como telonero o atrezzo que disfrutando del espectáculo.

Por fin todo salio, mi coche volvió a repartir el material utilizado y se dio el primer paso de cara a hacer una clase más “movida” con la actividad que jamás había diseñado ni como posible.

Al final el dinero del viaje no fue mucho y terminamos en una merienda en la playa de las Canteras al final del curso.  

La historia de la ciencia, el comienzo de una colaboración

En tu época en el IES ALONSO QUESADA hicimos un colaboración entre los dos, fue en los comienzos de nuestra amistad. Hicimos un proyecto entre la asignatura de Filosofía con tus alumnos y la de Matemáticas. Correspondía al tema de la Historia de la Ciencia. Tu les habías mandado hacer un trabajo sobre la importancia de la ciencia en la sociedad y yo les había preparado un cuento de ficción que titulé Los Holomates, de forma que con el cuento se introdujeran en la materia. Los chicos leyeron el cuento, hicieron los trabajos, los expusieron y debatieron el tema en clase. Yo asistí a las exposiciones y debates conjuntamente contigo. Recopilamos todo en un documento final. Yo, por aquel entonces estaba empezando a conocerte, y lo que me sorprendía era lo entusiasmados que estaban los alumnos con el tema, máxime cuando a mí me parecía que tu no hacías ningún esfuerzo por conseguirlo, me resultaba un misterio averiguar cómo los motivabas tanto. 

miércoles, 24 de diciembre de 2014

A mis amigos no creyentes

A mis amigos “que dicen” que no son creyentes

José Alonso Morales

    Son muchos y me alegra haber pasado mi vida metido entre Vd. Unos porque siempre lo han sido, otros porque han ido cambiando de posturas y se han situado en esa esfera. Me he sentido cómodo, bien recibido, no visto como sospechoso ni como buscador de prosélitos. He aprendido mucho de Vds. porque en muchas cosas son más coherentes con sus ideas que yo con las mías. De Vds. he tenido que aprender a poner los pies en la tierra, a dar razón de mi fe, a dudar de mis convicciones para reconstruirlas continuamente, a vivir totalmente a la intemperie sin una referencia a algo más allá, a respetar posturas como Vds. han hecho conmigo.

   He sentido la exigencia a profundizar seriamente en las raíces de mis creencias. He intentado ejercitar al máximo el diálogo y la confrontación.  He aprendido a situarme en postura de búsqueda que no en la desorientación. He hecho propósitos permanentemente de hablar menos y testimoniar más, no para convertir sino para ser fiel al Señor en quien creo.

    En estos momentos de mi vida que he narrado me han acompañado amigos y amigas creyentes y no creyentes y he vivido la experiencia del brazo por encima de los que desde otros horizontes están  en mi camino.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Un lugar de descanso en el Sur de Tenerife

Una de las veces te acompañé a Los Cristianos, en el Sur de Tenerife, ibas al complejo especial para gente impedida que tienen allí los alemanes. Era la primera vez que lo veía. Aun estabas con la silla de ruedas y la ventaja del lugar era que estaba adaptado para una persona que se movía precisamente en silla de ruedas. Tu ya habías estado otras veces. El sitio estaba lleno de extranjeros, muchos con sus hijos o esposos. La piscina estaba adaptada para ellos y hacía un día soleado espléndido para disfrutarlo en el agua y lo disfrutaban. A mi no se me sacaba de la cabeza lo de las piscinas bíblicas con los paralíticos y demás. Sin embargo tu valorabas la entrega de los familiares hacia sus seres queridos como ya habías observado otras veces. Comimos juntos en la cafetería. Durante la comida te di las gracias por nuestra amistad. A media tarde te dejé en la habitación con vistas a la piscina, con cierta tristeza de mi parte porque te quedabas solo, y me volví a coger el ferry de Las Palmas.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Desde mi silla de ruedas


           José Alonso Morales

Durante más de un año la silla de ruedas ha sido para mí el pupitre donde he aprendido sin libros y sin apuntes. Ahí he cursado durante un  año largo una de las carreras más apasionantes de mi vida. Había estudiado Teología en el Seminario, Filosofía en varias universidades, estuve trabajando la tesis doctoral que no terminé porque elegí otras tareas en ese momento. La carrera más apasionante ha sido la cursada desde mi silla de ruedas. No tengo título, ni diploma, ni notas, como mucho, los partes médicos,  pero dentro de mí, se ha marcado una experiencia luminosa. He recorrido, despacito, un camino  largo,  chocando con las puertas, con el resto de los muebles, con los mismos libros que se caían en los lugares más inoportunos y que evocaban las dificultades que hacían crecer y madurar. Así, poco a poco, he recorrido este currículum “oculto” y este itinerario invisible lleno de competencias básicas, valores y actitudes.

He aprendido a ver el tiempo de otra manera. Ya no hay reloj. Cuando entré  en  la clínica me di cuenta que allí el ritmo del tiempo es distinto. Se olvidan los cómputos de semanas y horas y apenas se entera uno del discurrir de los días. Se olvida el ponerle nombre a las mañanas, se acabaron las prisas, la agenda repleta, el colocar cuatro actividades una tras otra. Se comienza a vivir y, así la vivo ahora, desde otra dimensión: el tiempo de la espera y la sorpresa. Las cosas no dependen de uno mismo sino de los que nos rodean, del médico, de la enfermera, de los acompañantes. Así, me he ido situando en la paciencia serena de la espera. Lección no fácil de aprender en la vida de cada día caminando con las dos piernas. Los acontecimientos llegan como sorpresa, cuando menos se esperan: las visitas que no he programado, la medicación que no he elegido, el momento de iniciar rehabilitación que no he decidido, los diferentes ritmos de recuperación que no los puedo violentar sino simplemente acoger. Así me he convencido de que no soy el dueño del tiempo. El tiempo aparece entrelazado con las personas, sus cercanías y su encuentro. Se me dijo que el tiempo tenia que ver con el movimiento de los objetos físicos y en referencia a un ahora y un después. También   aprendí que eran unos condicionamientos de nuestra propia sensibilidad, que no era exterior a nosotros  y luego se vinculó al acontecer de nuestra conciencia interior. El fluir del tiempo es algo distinto entrelazado en la relación con los otros, con los que nos rodean. Así he aprendido a ser paciente y a situarme a la espera de sorpresas en los diferentes momentos de mi vida. Siempre es posible algo  nuevo, siempre es posible un renacimiento, siempre hay una respuesta pendiente a las preguntas aun no contestadas. Se dice repetidamente en la tradición de Israel que el Mesías llega cuando menos se espera y por eso la vida y el tiempo es estar a la escucha de cualquier anuncio de buena nueva.
   
 Ha aprendido mucho de la cercanía y disponibilidad de las personas. Me he sentido servido hasta en lo más mínimo e imprescindible, en lo más básico. Con una experiencia de este tipo se caen por el suelo todas las autosuficiencias defendidas a capa y espada. Me suena lejano lo que muchos filósofos han escrito sobre la autonomía del ser humano, la no dependencia, la alergia a la heteronomía. Todo lo que he  discutido en torno a la clausura en el “sí mismo” se desmantela con este aprendizaje en la silla de ruedas. Todos somos dependientes unos de otros, somos como una red en la que los  hilos se entrelazan perfectamente. Yo he dependido de  manos tendidas, de brazos que me levantan de la silla, de los que me alcanzan los libros del estante, y al calor del dialogo, cariño y ternura  de una multitud de amigos y amigas me he sentido envuelto en la experiencia compasiva donde se genera realmente la condición humana.
   
La experiencia del dolor troquela y cincela nuestro corazón desde lo más profundo de sus raíces. Somos seres vulnerables permanentemente, y no lo asumimos como parte de nuestra masa hasta que nos  arañe en alguna parte de nuestras entrañas las uñas rígidas del sufrimiento. En esa herida sentida en propia carne o  en nuestras manos que tocan al hermano doliente, nos hacemos realmente personas morales, seres humanos, prójimos, cercanos. Asì nace la misericordia desde lo más hondo de nuestro ser y se derrite la dureza de nuestras entrañas. Esta experiencia me ha hecho sentirme responsable del dolor del mundo, no como ejecutor sino en el imperativo de responder por él desde mis posibilidades. He experimentado en mi carne el dolor  de la inactividad, la indolencia del aparcamiento en la vida, el estancamiento en paro permanente y así he comprendido la situación de tantas personas que están en las listas para un trabajo que no llega y permanecen mano sobre mano al vaivén de la imaginación de un futuro clausurado. He sentido el desarraigo de miles de gitanos que en estos días le han desmantelado sus hogares en Francia, he vivido el desgarrón de gente que pulula por nuestras ciudades con el estigma del sida casi avisando, al menos en su conciencia, el “¡soy leproso!” del relato evangélico. A mi sensibilidad le han arrancado la piel que la resguardaba para dejarla  en carne viva ante el dolor de los seres humanos.
  
He sentido cómo los acontecimientos han ido troquelando y madurando todos los rincones de mi ser. Siempre que he salido de una experiencia de dolor he vivido la sensación de que he madurado. Nunca el sufrimiento ha sido mayor de lo soportable, mi cuerpo ha ido respondiendo desde sus reservas que muchas veces no sabía ni que existían y como resultado de esa criba se han ido depositando en el fondo de mi existencia pequeñas montañas de trigo preparado para el pan.

Ha habido momentos en que se ha borrado el horizonte que circunda mi vida, se abría un vacío bajo mis pies y los  porqués se quedaban sin respuesta. Me dio mucho miedo recitar una oración que siempre me ha llegado dentro: “Padre me pongo en tus manos haz de mi lo que quieras” Ha sido muy a cuesta arriba como logré rezarla de corazón y no pasando sobre ella como de puntillas. He aprendido a fiarme del Señor que conduce mi vida, he desmantelado el espantajo que hemos construido de Dios y se me revela ahora como el Gran Pedagogo. El Jesús sanador- compasivo que andaba por los caminos de Galilea ha sido lo que ha serenado todo mi proceso. El ha hecho que las fuerzas desencadenadas en los huesos, corazón, y órganos de mi cuerpo se hayan convertido en puntos dinámicos de nueva vida. Si ahora tuviera que quitar alguna pieza del puzzle de mi historia personal no quitaría ninguna. Todas han aportado algo en el tejido de mi historia personal. He aprendido a cortar y pegar  a acoplar a dar color y hasta querer toda mi existencia.

Cuando veo mi silla de ruedas, compañera durante un año y tres meses,  a quien ya quiero como un regalo, pienso todo lo que desde ella he aprendido y  se aviva en mí  lo que siempre me enseñaron: lo que se recibe gratuitamente es para darlo gratuitamente. Esto me ha impulsado a desnudar mi alma y hacerla para todos como apuntes compartidos y así en la lectura comunicada de nuestros rincones ocultos madurar las dimensiones de nuestro corazón. 

Una visita a Sobrado

En una de las veces que vinisteis Santiago y tu a Galicia fuimos a ver el monasterio de Sobrado dos Monxes. Está un poco en ruinas pero sigue teniendo unos cuantos monjes que lo atienden, ya sabes vendiendo licores y pastas y algún alojamiento. A la salida tomamos café en una de las cafeterías que hay en el pueblo. Yo les pregunté sobre el significado del Padrenuestro, y, más o menos, me dieron explicaciones, la de Santiago más teológica. La verdad es que no era lo que buscaba. Por aquel entonces me rondaba esa pregunta y como antesala del saber está el preguntar. Más adelante ya lo averigüé.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Tu amiga Angela

A Ángela la trajiste en varias ocasiones a darnos charlas, en el marco del Aula Manuel Alemán, y Marga y yo asistimos a sus conferencias. Eran conferencias sencillas en las que repetía pausadamente sus mensajes. Como eran en italiano, Bonis traducía, lo cuál le daba una cadencia más pausada todavía. En una ocasión el mensaje era que lo que era esencial para el ser humano, su fundamento, era el gusto. Dicho así, como ocurrió en la sala, la gente no situaba bien el tema, parecía que nos teníamos que dejar guiar por todo lo que nos guste, lo cual obviamente nos llevaría al hedonismo puro y duro. Supongo que estaba en línea con aquello que tu comentaste en su memento del deseo, a raíz de la película de Almodovar, La Ley del Deseo. Yo apunte algo, creo recordar, sobre un determinado gusto, el que lleva a satisfacernos plenamente. En una ocasión nos presentaste a Ángela y lo que recuerdo de ella especialmente era una mirada un tanto extraña.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

El 40 aniversario

Cuando celebraste tu 40 aniversario como sacerdote trajiste el cirio que habías empleado en tu ordenación. Lo habías guardado en un baúl y con el tiempo se habría roto en varios pedazos que permanecían unidos gracias al cordón interno. Tu decías con mucho acierto que ese cirio simbolizaba tu persona, ya que estaba quebrado como tu después de tantas operaciones que te habían realizado desde el accidente. Estaba muy acertado el simbolismo.

Las lámparas

Cuando estabas de santo o cuando veníamos de Galicia a la vuelta del verano, nos gustaba traerte algún detalle sencillo. A veces había que dar vueltas para elegir algo que te pudiese gustar, pero pronto caímos en la cuenta de que un regalo apropiado para ti era cualquier tipo de candil o lámpara, por el simbolismo de la luz. Realmente era lo que mejor te definía. Uno de los últimos regalos que te trajimos de Galicia fue una lamparilla de barro, al estilo romano, con su mecha y todo. Recordaba a esas lamparillas bíblicas de las esposas precavidas que esperan al esposo con suficiente aceite para sus lámparas.

martes, 2 de diciembre de 2014

El primer recuerdo

Una vez te pregunté cuál era tu primer recuerdo significativo de la infancia. No lo dudaste, enseguida nos contaste que de pequeño había llegado el obispo a tu pueblo, al verle que llevaba un báculo en la mano te lanzaste corriendo sobre él, le arrebataste el báculo de la mano y escapaste con dicho bastón. Luego te pararon y tuviste que devolverlo. La verdad es que después de conocerte se podía decir que tu poder no era de este mundo, parafraseando la cita bíblica, porque sí tenías la gracia del poder de Dios contigo.

La casa común

Una de las veces que salimos Marga y yo contigo a cenar nos contaste que habías estado en una charla en Casa África. Venias contento de descubrir que en los poblados africanos hacían una cabaña en medio todas que era para que la usase cualquier habitante del pueblo que la necesitase. Era una cabaña para y de todos. Nos decías, ese es el mismo objetivo que tiene cualquier iglesia en un barrio o en un pueblo, es la casa común para que la habiten todos.

El tiempo

Un año que viniste a Galicia con Santiago fuimos a Sargadelos. En la fábrica de cerámica de la localidad estuvimos un rato sentados en la cafetería he hiciste un comentario sobre el tiempo. Para ti el tiempo era como una especie de oportunidad que teníamos los humanos para reflexionar sobre nuestro pasado para ser conscientes de nuestros actos y enmendarnos. Si fuésemos perfectos no necesitaríamos del tiempo.

Te compartimos

Realmente te compartimos, siempre que te llamábamos estabas dispuesto a venir con nosotros. Recuerdo que el símbolo de compartir el pan en la misa, lo decías a menudo, era estar disponible para los demás, darse a los otros. En una misa trajiste un montón de bollos de pan y en un momento dado nos pediste que los partiéramos y los diésemos a los demás. Al final me vi con trozos de pan en las manos y no se me ocurrió otra cosa que ponerme a comer pan durante la misa como algo espontaneo. Me salí del protocolo pero me parecía algo normal.

lunes, 1 de diciembre de 2014

El amor de los esposos y el amor del sacerdote

Varias veces hablaste de este tema, la última uno de los últimos días que fuimos a los Berrazales, hasta la casa que hay por encima del hotel, la casa de acogida para rehabilitación de drogadictos, Nos dijiste que en esa casa habías tomado la decisión de ser sacerdote. Yo te dije que aunque no habías formado una familia, como sacerdote habías tenido a tu alrededor mucha gente que formaban una auténtica familia. Tu me dijiste que el amor de Dios entre el sacerdote y sus parroquianos y entre los esposos era el mismo aunque de distinta manera.

Cuando las reuniones se celebraban en una cama de hospital

El hospital fue una constante en tu vida desde que tuviste el accidente. Una de las veces que te fuimos a visitar nos chocó que tenías convocada una reunión de las habituales tuyas con uno de los grupos. Aquello estaba en plena ebullición, lo de menos era tu estado de salud, más bien era un pretexto para tenerlos a todos allí. Casi daban ganas de estar enfermo para tener alrededor aquel entusiasmo. A veces tienes dicho que venías reforzado de tus estancias hospitalarias por todo el amor que te aportaban los que te visitaban (visitábamos), pero es que lo percibíamos también los que allí estábamos. ¡Qué bien se pasaba aquel rato!

La lectura creyente de la realidad

Siempre te oía hablar de la lectura creyente de la realidad. Si no te entendí mal consiste en leer los acontecimientos diarios interpretándolos a la luz de las Sagradas Escrituras. De alguna forma en los textos sagrados están las claves para entender nuestra realidad, lo que debemos de hacer es ser capaces de acoplar esos acontecimientos a los moldes escritos y encontraremos el sentido de nuestras vidas.

domingo, 30 de noviembre de 2014

La Virgen ya está cerca

Habíamos ido contigo a Arico, tu pueblo natal, presentabas un libro sobre la villa de tu infancia. Habían habilitado un local (¿la iglesia?) para que hicieses la presentación, al fondo en lo alto estabas tú (en la distancia), y nosotros dando vueltas por la entrada. Empezaste con tu disertación que seguían con atención todos tus allegados, locales y venidos de fuera. Yo estaba pendiente de un amigo tuyo de la Laguna que hacía traducciones de San Juan, me interesaba escuchar que podía decír. De repente unas palabras tuyas resonaron en mi cabeza, "La Virgen ya está cerca". ¿Qué quiere decir Pepe?, pensé. Esa rotundidad en la afirmación me descolocaba, algo que el común de los mortales no ve, la Virgen, y tú además estabas diciendo que estaba cerca. No entendí lo que querías decir pero me causó una gran curiosidad.

Misa en el comedor

La primera vez que asistí a una misa de las tuyas en el comedor tenía la impresión de que tenía que desprenderme de las ideas preconcebidas que podía tener, lo que anteriormente era para mí la misa. Si estabas tu oficiándola pues entendía que era "legal", confiaba en ti. Claro nos acercabas al altar, realmente formábamos parte del ágape como miembros de la mesa. El pan era el pan que comíamos a diario. Todos podíamos compartir nuestra experiencia de vida con los demás.

Los cambios hay que hacerlos desde dentro

No recuerdo de dónde veníamos, conducías tu por el Jardín Canario, tal vez uno de esos días al salir de clases, el caso que me decías que con respecto a la necesidad de renovar la Iglesia, considerabas que tenías que estar dentro para hacer algo en ese sentido, que no te parecía coherente que los que la criticaban habiendo estado dentro, lo hicieran ahora desde fuera. Ese era tu compromiso.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Todo lo haces presente

Me acuerdo que paseábamos una mañana soleada por Artenara y tu nos ibas explicando en qué consistía el milagro de los panes y los peces. Lo hacías trayéndolo al presente, como si ocurriese en aquel momento, y se hacía plenamente comprensible con una normalidad absoluta. La interpretación se hacía novedad a la vez que tenía una gran dosis de audacia, no era la interpretación clásica, y sin embargo sonaba muy creible. Este era uno de tus dones, Pepe, todo lo hacías presente, no importaba lo lejos en el espacio o en el tiempo que estuviese, acabábamos sintiéndolo cercano y por lo tanto real.

Al final me quedaré sólo

Ocurrió al principio de nuestra relación, salimos del instituto y por alguna razón acabamos paseando por la Cornisa de la ciudad. Las Palmas a nuestros pies. De repente me dices: "Yo se que al final me quedaré sólo". Eso despertó en mí un compromiso, yo no te dejaría sólo, al menos estaría yo contigo. Muchas veces he pensado en tu frase, ¿qué querías decir?, ¿por qué me la dijiste? Bueno, al menos te diré que tú nunca nos dejaste solos, ni al final, siempre nos acompañaste. Entiendo que la soledad es lo peor que nos puede pasar.

"Hay que escribirlo"

Hoy me encontré con Gonzalo en el super, estuvimos hablando de tí, yo le decía que había que recoger tus enseñanzas (sin mistificaciones) para que sirviesen para más gente. Al final me dijo, "Hay que escribirlo". Este énfasis me animó. Aquí estoy escribiendo lo que siempre esperé escuchar cuando hablaban de tí.

Unos ojos negros brillantes

Esa última semana en el hospital fue dura pero tremenda. Nos llamó Fran el lunes, creo, diciendo que ya estabas bien. Allá fuimos corriendo para ver que realmente ya te habías recuperado, llegamos y en la habitación estaban varios de los allegados, y tú sentado en la cama. Estabas radiante, tus ojos negros brillaban con un fulgor de vida como nunca te había visto. Hablabas con unos y con otros, te explicabas de los días pasados diciendo que te enterabas de todo lo que pasaba, ya estabas haciendo planes con la gente,.... ¡Qué despedida más triunfal! ......¡Gracias por despedirte!

No fuimos foráneos a tu lado

Marga y yo llegamos de jóvenes, recién casados desde la Península, y de alguna forma éramos forasteros aquí. Lo primero que te tengo que decir, Pepe, es que nos hiciste sentir como uno más de aquí, digo más, contigo éramos más de aquí que los canarios. Como se suele decir, más canarios que el gofio. Suena extraño oir esto, pero tenías la patente de hacer auténticos canarios a los foráneos, esa era tu justicia, tu cercanía nos introducía en la realidad del lugar.

10-11-12

Todo empieza en esta fecha, este va a ser mi testimonio sobre tu persona, Pepe Alonso, de que viví junto a tí, de que crecí junto a tí, de que aprendí junto a tí.... Es la fecha de tu muerte, pero yo, como dice Bonis, estoy seguro de que estas vivo, además de en nuestro corazón, en algún lugar junto al Padre. A Él lo esperabas en los últimos días con nosotros.

Ante todo este blog está a disposición de todos los que quieran  testimoniar su experiencia junto a tí.

El objetivo del blog es el valor del testimonio, dar sentido a nuestras vidas.